ENTREVISTA A CÉSAR LUCAS: UN MITO EN ZOOM

20 de mayo 2015 | victor

Con motivo del lanzamiento de la nueva revista semestral de ZOOM EDITION, el periodista Luis de Vega, uno de los cofundadores de la photogallery española, entrevista al Maestro César Lucas, amigo y colaborador de nuestra iniciativa. En la revista se podrá leer un extracto de la misma y a continuación, la pueden leer completa.

¿Qué te gustaría que la gente que adquiere tus fotos en ZOOM EDITION supiera de ti?

Imagino que les produce cierta curiosidad o envidia por el hecho de que haya estado con estos personajes. Dirán “yo que los admiro y este fotógrafo qué suerte ha tenido que ha estado con ellos, que ha trabajado con ellos. ¿Qué habrá aprendido de ellos?”. En el caso de estos personajes famosos hay un punto de mitomanía. Por un lado, tenemos la imagen como tal, la expresividad, la creatividad, el saber captar el interés sin necesidad de que ante la cámara esté un personaje mítico. Pero en este caso, es verdad que lo primero que cuenta es la presencia de ese personaje mítico. He buscado en esos personajes a los que muchas veces he admirado verlos como los admiraba. Nunca he ido a machacarlos. Es difícil para mí decir con cuál me quedo. Todos representan un valor, un interés, una emoción, un recuerdo… Preferiblemente me interesa más y he trabajado más con mujeres que con hombres, no solo porque me inspiran más, sino porque además tienen un poder mediático mayor. Es más fácil hacer portadas con ellas. Pero con algunos, como con Lennon, hubo empatía, nos llevábamos bien. Eso facilitaba una cercanía especial que facilitaba una buena foto. En la foto de Lenon estamos jugando los dos con el objetivo ojo de pez, se necesita entrar en juego con el personaje.

¿Añoras el carrete y la cámara analógica?

No mucho. Yo no le doy demasiada importancia a la herramienta. Creo que la herramienta debe facilitar la tarea y ahora la tecnología te facilita más que antes la tarea. No añoro tiempos pasados ni miro atrás. Siempre miro adelante. Las fotos las hacen los ojos, la cabeza, la emoción, la sensibilidad… La herramienta no es lo prioritario.

Grabo esta entrevista con un teléfono que, además, tiene una cámara. Asistimos a una nueva democratización de la fotografía.

Esto tiene su parte buena y su parte mala. Muchos con estos aparatos se creen fotógrafos y reporteros callejeros, pero las buenas fotos, las pensadas, las que perduran, las brillantes, las van a seguir haciendo los fotógrafos. Sí es verdad que gracias a esos fotógrafos callejeros o de todo a cien vemos escenas que de otra manera no veríamos, pero no creo que esa persona vuelva a hacer una buena foto. Que haya buenos programas de escritura como Word no hace a cualquiera buen escritor.

En ZOOM nos preocupa también la noción de propiedad intelectual y los derechos de autor. Mucha gente cree que todo lo que hay en internet es de libre disposición.

Como acabo de decir, la tecnología, en algunos casos, ha sido buenísima. Antes había que mandar los rollos de diapositivas dándoselos a un pasajero en el aeropuerto corriendo. Hoy en un minuto tienes la fotos en 20 redacciones del mundo entero. Pero es verdad que una vez que la foto pasa por la red ya está en manos de todo el mundo y te han quitado la propiedad. Eso del negativo y la copia única se ha perdido. Pero también ahora podemos ver fotos, trabajos y colecciones que antes nunca podríamos ver, ni lo hubiéramos soñado. Metes el nombre de fulanito y ves cientos de fotos suyas a través de internet.

¿Crees que sirve de aprendizaje todo ese acceso a tanta información?

Creo que solo hay una forma de aprender fotografía: viendo y practicando. Antes no había tanta posibilidad e ver fotógrafos, estilos… Y ahora hacer fotos es gratis para todo el que quiera aprender. Le das al dedo y compruebas el resultado de inmediato. Borras y vuelves a empezar. Y eso como formación es inmejorable. Eso además de las escuelas, talleres, workshops… La formación está en un momento mejor que nuca. Pero al mismo tiempo pones una foto en Facebook y la tiene todo el mundo, se pierde el derecho y eso hace que para mucha gente existan las fotos pero no los fotógrafos.

¿A qué mujer te gustaría fotografiar?

A muchas. En el cine español -y la tv, que sustituye un poco al cine- nunca ha habido mujeres tan bellas como ahora. Muchas serían estrellas internacionales de Hollywood. Son muchas. Blanca Suárez o Megan Montaner, buena actriz y un bombazo. Las hay que no son tan bellas pero las ves y vas entrando y notas que te han agarrado y eso es lo que al final cuenta.

¿Mantienes con el paso de los años tu pasión por los personajes, por el people?

Eso es lo que más he desarrollado. Nunca he sido fotógrafo de naturaleza o lo que hace Chema Madoz.

¿Hay alguna asignatura pendiente en fotografía para ti?

Lo que nunca he hecho es ir a guerras. Nunca me han llamado, de lo cual me alegro, porque seguramente soy un cobarde y no sabría manejarme. Me habría cagado nada más empezar. Aunque he fotografiado situaciones duras y la cámara acaba siendo un escudo que te protege, como cuando te ves delante de un tío al que una bomba ha reventado en un atentado. No me afecta en el momento, aislado y concentrado en el diafragma y todo eso, pero sí después cuando veo la foto. Eso lo he hecho circunstancialmente. Tampoco he hecho paisaje. A mí siempre me ha gustado que las personas sean protagonistas, famosos o no, retratos o fotos en la calle o dentro de un bar. Me inspiran las personas. Otras cosas me inspiran poco. De todas las fotos que he hecho en mi vida el 95 por ciento son con personas.

Después de tus trabajos con las grandes compañías de cine en España te empezaron a conocer con El País o el Grupo Z.

El País fue el primer periódico de la democracia. Fueron muchos ojos los que se pusieron ahí. Hasta entonces, los diarios presentaban fotos muy oficialistas. En esa época se unen mucha cosas. El País, Interviú… hay mucha animación en lo que a fotografía se refiere. Ha sido el momento más brillante, finales de los setenta hasta los noventa, que ha tenido la fotografía periodística en España. Nacen agencias que tratan de imitar a Gamma y otras francesas, revistas que se hacen pensando en la imagen y toda una actividad que nos acercaban a publicaciones extranjeras como Life o Paris Match. Pero eso duró poco, apenas 20 años porque en España no había historia de fotografía en los medios, ha sido una segundona. Parecía que iba a ganar importancia pero no.

¿Cuál era tu papel en El País?

Fui del equipo fundador. Yo era el jefe de fotografía, la primera vez que eso existía en España, alguien que en la mesa de redacción decidía la foto que iba en primera. Costaba trabajo porque los jefes se miraban y se sorprendían de ver a un fotógrafo opinar. Eso en España no encajaba porque el fotógrafo era como un ayudante sin el estatus de periodista. Era la primera vez que ocupa un poder en la redacción, mueve a los fotógrafos y decide sobre las fotos. Me tenía hasta que enfrentar con el jefe de Nacional cuando quería retocar la maqueta y hacer la foto más pequeña para que cupiera más información. Y yo le decía que se mantenía a tres columnas porque esa foto tenía más información que las 50 líneas que había que cortar. Pero además de diarios he tocado todos los palos, como la moda. Y yo sabía quiénes eran los que mejor tocaban esos palos.

¿Con qué fotógrafo te quedas?

Muchos. He seguido mucho a Tino Soriano en viajes. Ramón Masats en su tiempo. También Pepe Botella en moda, un fotógrafo poco conocido pero que es la hostia. Luego era yo el que lo contrataba cuando estaba al frente de medios. Cuando veo algo que me gusta me quedo con ello. Ahora lo hago de vez en cuando, por ejemplo, veo cosas que me gustan de Gorka Legarcegi de El País. Y le llamo para decírselo. He hecho tantas cosas que los de moda me miraban como si fuera de periódico, los de periódico me veían como si fuera de moda, los otros como fotógrafo de cine…

¿Qué les dices a las nuevas generaciones en los talleres y charlas en las que participas?

Les digo que yo les puedo contar mi experiencia, pero que también me voy a beneficiar de ellos, de su experiencia y sus visiones nuevas. En realidad es un intercambio, mi experiencia por sus ideas y conceptos. Eso me mantiene ágil y actualizado. Creo que de mi generación soy de los más actuales, nunca miro atrás. Quizás por eso tengo tan mal organizado mi archivo. No recorto las cosas que he ido publicando. Yo publicaba y mañana será otro día. Por eso ahora no localizo cosas que sé que he hecho. Nunca he sido freelance, mis trabajos se solían quedar en las empresas y casi no me he quedado con nada.

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